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Insignias de las batallas de coplas de un pequeño carnavalero

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Se acerca la fecha de inicio del carnaval y quería hacer mención, a una bonita costumbre que se está instaurando entre los niños y niñas que salen en las chirigotas infantiles de nuestra ciudad. Hablo de nuestra cantera, de pequeños carnavaleros y carnavaleras que vienen pisando fuerte, y que después de muchos años, este carnaval, superarán en número de agrupaciones, a las de adultos. Cuando los vean caminar hacia los ensayos, cuando actúen en el teatro o incluso cuando lo vean cantando en los barrios y plazas de nuestra ciudad, fíjense en la cinta para colgar al cuello donde llevan el pito de carnaval. Una cinta en la que colocan con orgullo, las chapas de las chirigotas en las que han participado en años anteriores. Chapas llenas de color y creatividad, pero, sobre todo, de significado y de historia. Al lado de las chapas de sus chirigotas infantiles, podrán ver en dicha cinta, chapas de las agrupaciones de adultos, porque no hay cosa más bonita para un pequeño carnavalero, que conseguir la chapa de la agrupación que admiran. En un descanso del ensayo, cuando charlan entre ellos, podrán observar como comentan las chapas que tiene cada uno; símbolos de identidad, orgullo y de pequeñas batallas de coplas, de bonitos recuerdos para niños que empiezan a vivir con pasión esta fiesta. Estos jóvenes carnavaleros, como dice una copla de una histórica chirigota de Cádiz, ya no cumplen años, cumplen carnavales, y lo lucen con orgullo en estos pequeños objetos metálicos. Chapas, que se han convertido en medallas de guerra, en insignias de batallas de coplas. Para estos jóvenes carnavaleros, cada chapa representa un recuerdo de años anteriores, de los nervios antes de cantar en el teatro, del disfraz de cada año, de la persona que le pintaba los coloretes, de canciones aprendidas, de bonitas anécdotas en los barrios, del desfile, de buenos ratos con amigos y de la emoción de participar en una tradición que une a generaciones. Queridos aficionados al carnaval, este año, fíjense en esa cinta llena de chapas que llevan los pequeños chirigoteros, porque cada chapa cuenta una historia, y cada niño que la porta, ayuda a que esa historia siga sonando en las calles, entre risas y aplausos.

Rafa Flores.